NOTICIAS / 10/09/2025

Otro año más, camino de Oneta
Varios vecinos de Andés mantienen viva una tradición iniciada hace más de 200 años
  VOLVER
Noticia del 10/09/2025
Imagen del alto de Panondres. José Manuel, Mon, Jesús, Félix, Falo, Falo y Ángel.
A las siete de la mañana partía del Campo San Pedro la expedición, este año bastante mermada de efectivos, camino de Oneta. Hacía bastante frío, el cielo estaba encapotado y no sabíamos como evolucionaría a lo largo del día.

Atravesamos Cabanella aún dormida. Desde el Alto de la Trapa cruzamos por el sendero de costumbre, ahora totalmente cambiado debido a la reciente concentración de los montes de Anleo. Una vez en el Alto de Puñil tomamos el camino de la Braña del Río donde la tranquilidad era absoluta. De vez en cuando se escuchaban las esquilas de las vacas que comenzaban a deambular por los prados con los primeros rayos de sol.

En la Braña del Río comenzamos la ascensión a Panondres. Los primeros quinientos metros son muy duros, pues el camino primitivo fue tragado por la cantera que aumenta su tamaño año tras año.

Superada esta dificultad, el trazado del sendero es muy sencillo siguiendo la inclinación de la montaña, solo requiere coger un ritmo adecuado y tranquilidad.

Sobre las nueve y media alcanzamos el Alto de Panondres que aún no se ha recuperado de las heridas causadas con la instalación de los eólicos. En el lugar denominado La Cueta descansamos, reponemos fuerzas con potentes bocadillos y admiramos el paisaje que tenemos ante nuestros ojos.

Las nubes empiezan a retirarse quedando un cielo totalmente despejado que nos permite contemplar un impresionante paisaje de toda la rasa costera de Navia, Coaña, El Franco y con más dificultad hasta Foz. Si miramos hacia el sur lo que vemos es totalmente diferente, pero no por ello menos hermoso, el paisaje montañoso del concejo de Villayón con sus pueblos incrustados en los valles y laderas de las montañas.

Se camina sin dificultad, el sendero está limpio de vegetación y este año totalmente seco debido a las escasas lluvias caídas en los últimos meses. A ambos lados algunas vacas y caballos en total libertad contemplan nuestro paso. Varios buitres controlan desde el aire nuestros movimientos. Apenas hay árboles, solamente algunos pinos dispersos y en el fondo del valle una pequeña mancha de abedules, castaños y robles rodeados de eucaliptos.

Llegamos al pueblo de Brañúas donde nos encontramos algunos vecinos que están trabajando con el ganado, nos saludan amablemente y nos dan ánimos para que continuemos en los próximos años.

Ahora nos quedan dos kilómetros de asfalto hasta que divisamos Oneta y anunciamos nuestra presencia con varios toques de corno. El pueblo parece muy tranquilo, pero a medida que nos acercamos observamos que es un día de fiesta con muchos coches alrededor de las casas, llegada de invitados, ruidos de cacharros, las mesas con los manteles, vajilla, cubiertos… preparados para la comida y las maseiras repletas de bebida enfriando. A las once y cuarto nos presentamos ante la Virgen para anunciarle un año más la llegada de los representantes del pueblo de Andés.

Antes de la misa recorrimos el pueblo, compramos las avellanas para los que no pudieron desplazarse y visitamos las cascadas. Este año, a pesar de las escasas lluvias, la Firbia se encontraba radiante rodeada de una exuberante vegetación que convierte el lugar en un auténtico paraíso.

Mon, vecino de La Cruz de Paderne, en la cascada La Firbia
A medida que se acercaba la hora de misa aumentaba la presencia de gente de Andés que se desplazó en coche, entre ellos queremos mencionar a Sisito, que con sus noventa y dos años sigue siendo un incondicional año tras año en Oneta.

A la una, la iglesia estaba repleta de fieles para asistir a la misa cantada por el dúo Son Dos y el grupo de gaitas El Oso Pardo, que también acompañó la procesión en su recorrido por el entorno de la iglesia.

Procesión de Santa María de Oneta
La sesión vermú con el grupo D’Cano se prolongó hasta las tres de la tarde. Luego nos retiramos a comer y a descansar para emprender el retorno sobre las cuatro y media.

Pasadas las ocho llegamos a Andés cansados, pero muy contentos por haber contribuido a mantener una tradición iniciada por nuestros antepasados hace más de doscientos años.