NOTICIAS / 09/09/2011

Andés sigue fiel a la tradición de Oneta
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Noticia del 09/09/2011
Peregrinos de Andés camino de Oneta
Continuando fieles a la tradición un grupo de andesinos se desplazaron a pie a Oneta el nueve de septiembre.
A las siete en punto se partía del Campo San Pedro con Manuel Ramón Fernández al frente de la expedición. Pasadas las nueve de la mañana se coronaba el alto de Panondres realizando la primera parada para desayunar. La mañana era espléndida y las vistas impresionantes. Hacia el norte se divisaba toda la rasa costera desde Frexulfe hasta La Caridad; con menos detalle se reconocía hasta Foz y Burela. Al sur, una parte del concejo de Villayón envuelto en un manto de niebla. A medida que se avanzaba hacía Brañúas la niebla se iba disipando. Aquí la gran sorpresa, la fuente que durante muchos años sirvió para refrescarse y aprovisionarse de agua estaba seca y totalmente cubierta de maleza.
Poco antes de las once se entraba en Oneta. Después de un merecido descanso se recorre el pueblo y cada uno se acerca a visitar a La Virgen (Santa María de Oneta). A la hora de la misa se congregó gran cantidad de gente, entre los que destacaban un buen número de andesinos que se desplazaron en coche. A la sombra de los humeiros que bordean el río se reunieron los diferentes grupos para dar buena cuenta de las empanadas y tortillas que parecía que acababan de ser sacadas del horno debido al espléndido día de sol. Después de la visita a las cascadas, en la que no faltó el baño, nos preparamos para iniciar la salida. El grupo quedó bastante mermado. Subir hacia Brañúas a pleno sol no parecía una empresa fácil. En algunos momentos hubo que desviarse de la ruta original para buscar la sombra de la arboleda. Sobre las siete de la tarde se volvió a coronar el alto de Panondres donde la brisa marina nos alivió después de un día con temperaturas altísimas, seguro que muy por encima de los treinta grados. A las nueve de la noche llegaban los últimos expedicionarios al Campo “San Pedro”, cansados pero muy contentos por mantener viva una tradición que nuestros antepasados iniciaron hace casi doscientos años.
Oneta se había convertido en un lugar de peregrinación gracias a las indulgencias concedidas en el año 1760 a los que rezaran devotamente un Ave-María o una Salve ante la imagen de Nuestra Señora de Oneta.